¡Hola, mamás de la tribu! 👋 Soy Mar, y hoy vengo a hablar de un tema que nos rompe el corazón a muchas: esos suspensos inexplicables que llegan después de tardes enteras de estudio. 😭
Ayer, Valeria (mi hija, 15 años, ¡y con un TDAH inatento en camino de ser diagnosticado! 😉) volvió a suspender. Matemáticas. Y no, no es que no estudiara. ¡Estuvimos TODA la tarde pegadas a los libros! 📚🖍️ Hicimos esquemas, repasamos, resolvimos ejercicios... ¡hasta intenté que los apuntes parecieran un arcoíris! 🌈 (Spoiler: la táctica del arcoíris no funcionó. 😂)
La Pregunta del Millón: ¿Por Qué, Si Se Esfuerza, NO Aprueba? 😩
Lo sé, suspender un examen puede parecer algo normal, parte de la vida escolar de cualquier niño. Pero este caso es diferente, porque Valeria estudió. Sé perfectamente cuánto estudió.
Pasamos toda la tarde anterior repasando juntas. Coloreamos apuntes, hicimos esquemas, resolvimos ejercicios y volvimos a empezar desde cero cuando algo no le quedaba claro. Incluso me atrevería a decir que nunca había puesto tanto empeño en prepararse para un examen. Pero a pesar de todo ese esfuerzo, el resultado no cambió: un suspenso tras otro.
Lo más difícil no es el suspenso o tener que explicar a Valeria que esto no es el fin del mundo. Lo más difícil es la incomprensión del resto.
Cuando hablé con su profesora sobre lo ocurrido, recibí la misma respuesta de siempre: “Valeria tiene que esforzarse más”. ¿Cómo explicarles que sí lo hace? Que no se trata de pereza, ni de falta de voluntad, ni de un mal hábito. Que ella realmente lo intenta con todas sus fuerzas, pero hay algo que no encaja, algo que le impide retener lo que estudia.
Para los profesores, Valeria es la típica niña “pasota”, una alumna que parece no preocuparse por nada, que parece no escuchar en clase y que siempre está en las nubes.
Incluso llegué a sentir que no me creían cuando les decía que había pasado toda la tarde anterior con los libros. Más allá de eso, nunca encontré orientación real ni apoyo por parte del colegio. Ninguna reflexión más allá del clásico “tiene que trabajar más”.
Esto me dejó claro que la fase de buscar respuestas estaba en mis manos. Con el tiempo, entendí que algo no encajaba en la forma en que Valeria procesaba el mundo. Pero en ese momento, cuando aún no sabía nada sobre el TDAH ni siquiera existía la sospecha, solo tenía dos cosas claras:
- Mi hija no es perezosa ni indolente. Sus ganas de aprender están ahí, aunque no siempre lo reflejen las notas.
- No voy a presionarla, porque algo me decía que ese no era el camino.
Sé que no todas las madres piensan así, y no las culpo. Es frustrante saber que tu hijo suspende después de estudiar tanto. No entiendes qué está fallando. De hecho, a menudo te ves atrapada entre el “esfuérzate más” de los profesores y el sentimiento de impotencia cuando ves que tu hijo sufre, cuando su autoestima tambalea porque, hagas lo que hagas, nada parece suficiente.
Por eso quiero hablarles a esas madres que, como yo en aquel momento, sienten que algo no encaja pero no saben exactamente qué es. Si tu intuición te dice que hay algo más, escúchala. No dejes que los demás te hagan dudar de tu hijo o de ti misma.
Es cierto que, en mi caso, tardé mucho en encontrar respuestas. Por desgracia, el sistema educativo no está diseñado para detectar con facilidad posibles trastornos como el TDAH, especialmente cuando los síntomas no son tan evidentes o están más relacionados con la inatención que con la hiperactividad.
Pero lo importante es que nunca presioné a Valeria más allá de lo que ella podía dar.
Si estás en la misma situación, aquí te dejo tres cosas que aprendí durante este proceso:
- Confía en tu instinto. Si sientes que algo no encaja, busca ayuda y orientación, aunque el colegio no la ofrezca de inmediato.
- No te obsesiones con las notas. Por supuesto que es importante estudiar, pero las calificaciones no lo son todo. Piensa en el bienestar emocional de tu hijo por encima de los resultados.
- Acércate a él/ella y escucha. Pregúntales cómo viven estas situaciones. A veces, detrás de un mal resultado hay un mundo de frustración o inseguridades que necesitan desahogar.
Hoy en día ya comenzamos a entender lo que pasa con Valeria. Pero en aquel entonces, me sentí sola e incomprendida.
Si tú estás en ese lugar, quiero decirte que no estás sola. El camino es complicado, pero hay respuestas. Lo importante es no rendirse y seguir luchando por el futuro de nuestros hijos, siempre a su lado.
Así vivimos durante mucho tiempo con Valeria, mi hija de 15 años. Antes de sospechar del TDAH, antes de entender que su cerebro funcionaba de otra manera, el mundo la juzgaba por lo que no veía.
1. La etiqueta de "pasota" (y por qué estaba equivocada)
Valeria no era vaga. Era una niña que:
Olvidaba la mochila en clase, pero recordaba cada diálogo de su serie favorita.
No terminaba los ejercicios en el aula, pero dibujaba con una concentración envidiable.
Sacaba malas notas en matemáticas, pero inventaba historias que dejaban boquiabierto a cualquiera.
Los profesores insistían: "Si quisiera, podría". Pero yo veía algo más: una niña que sí quería, pero cuyos esfuerzos se perdían en un laberinto invisible.
2. El día que cuestioné todo
Un lunes por la mañana, Valeria me soltó: "Mamá, ¿por qué soy tan tonta?". Me partió el alma. Esa misma tarde, fui al colegio con sus cuadernos llenos de anotaciones, subrayados y horas de estudio reflejadas en tachones. La respuesta del tutor: "Se distrae mucho en clase. Debería esforzarse más".
Ahí empezó mi rebelión.
Decidí que, si el sistema no veía lo que yo veía, buscaría respuestas por mi cuenta. Comencé a investigar, a leer, a conectar puntos sueltos: su hipersensibilidad, sus despistes crónicos, su capacidad para hiperconcentrarse en lo que le apasionaba... Y entonces apareció la palabra: TDAH.
3. "Tiene que esforzarse más": La frase que oculta el problema
Cuando un niño con TDAH no diagnosticado "no se esfuerza", en realidad su cerebro está librando una batalla silenciosa:
Contra la distractibilidad: Un ruido, un pensamiento o una mosca pueden desconcentrarlo.
Contra la memoria de trabajo: La información entra... y sale sin avisar.
Contra la autoexigencia: "¿Para qué intentarlo si siempre sale mal?".
Valeria no era una pasota. Era una guerrera sin armas.
4. Mi papel como madre: Defenderla sin diagnóstico
Sin un diagnóstico oficial, sin apoyos del colegio, me aferré a dos certezas:
Nunca la presionaría: En casa, sustituí los "¿Por qué no te organizas?" por "¿Cómo puedo ayudarte?".
Sería su voz: En cada reunión escolar, llevaba ejemplos concretos: "Miren estos dibujos, vean esta creatividad. ¿De verdad creen que no se esfuerza?".
5. Para las madres que dudan (y luchan solas)
Si estás leyendo esto y reconoces a tu hijo en estas líneas, quiero decirte:
No estás loca. La intuición de una madre rara vez falla.
No es culpa de tu hijo. Detrás de la "desgana" puede haber un cerebro neurodivergente pidiendo ayuda a gritos.
No estás sola. Aunque el colegio no lo vea, hay recursos y comunidades que sí entenderán.
Hoy, mientras esperamos el diagnóstico oficial, Valeria y yo hemos creado nuestras propias estrategias: tableros visuales, descansos entre tareas, y sobre todo, mucha paciencia. Ya no lloramos por los suspensos; celebramos los avances, por pequeños que sean. Hablamos mucho, y procuramos poner humor en el tema
Valeria: La "Abogada" Despistada (y con un Corazón Enorme) ❤️
Valeria, además de sus despistes y dificultades en el cole, tiene un sentido de la justicia increíble. Siempre ha sido la "abogada defensora" de sus compañeros (¡y de ella misma!). El curso pasado, esto le trajo más de un problema... ¡Pero eso lo contaré en otra entrada! 😉 (Desapariciones en los pasillos, dolores de cabeza "estratégicos", discusiones con profesores... ¡La vida de Valeria da para una serie! 😂).
Del "No Entiendo Nada" al "¡Vamos a Intentarlo!" (con Humor, Siempre) 😄
Hoy, aunque seguimos esperando el diagnóstico oficial de TDAH, Valeria y yo hemos aprendido a navegar estas situaciones. Hemos creado nuestras propias estrategias (¡tableros visuales, descansos, mucho diálogo...!). Y, sobre todo, hemos aprendido a reírnos juntas. El humor es nuestro mejor aliado. 🤪
Ya no lloramos por los suspensos. Celebramos los pequeños avances. Y, sobre todo, nos tenemos la una a la otra. 🥰
¡Quiero Escuchar TU Historia! 👇
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¡Hasta la próxima, mamás luchadoras! 💪 ¡No os rindáis! Y recordad: ¡JUNTAS somos más fuertes!
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