¡Hola de nuevo, mamás de la tribu TDAH! 👋 Soy Mar, y hoy vuelvo con otra aventura de Sofía, mi "pequeña Mozart" (con un toque de Hulk, ¡porque la vida sin drama sería muy aburrida! 😂). Y es que, esta semana, la música, que suele ser su pasión, ¡casi se convierte en su peor enemiga! (Y la mía, de paso, que casi me quedo sin tímpanos). 😱
El Escenario: Un Día "Normal" en la Vida de Sofía (Versión Extendida y con Más Caos)
Para que os hagáis una idea de cómo es un día "tranquilito" en la vida de Sofía (y para que mi psicólogo virtual tenga material para sus sesiones 😉), aquí va el horario (redoble de tambores, por favor):
- 7:00: Suena el despertador. Sofía se levanta (con la misma energía que un oso perezoso después de hibernar).
- 8:00 - 14:30: Instituto. Clases, exámenes, trabajos en grupo... (¡Un festival de hormonas y neurotransmisores descontrolados!).
- 14:30 - 15:30: Comedor (donde, según Sofía, la comida tiene vida propia y conspira contra ella).
- 15:30 - 16:00: Llegada a casa (a la velocidad del rayo, porque cada minuto cuenta).
- 16:00 - 20:00: Conservatorio. Saxo, piano, solfeo, armonía... (¡Un máster en multitasking musical!).
- 20:00: Aquí la cosa se complica...
- Lunes, miércoles y viernes: Ensayo con la Banda Municipal (donde, según Sofía, el director tiene un pacto con el diablo para alargar los ensayos).
- Martes: Ensayo con la Banda del pueblo vecino (¡porque una banda no era suficiente!).
- Sábados (mañana): ¡Más ensayo! (Porque los fines de semana son para descansar... ¿o no?).
- Entre semana (noches): Acabar los ensayos a las 22:00 o 22:30. Cena, deberes, y a la cama (si es que el cerebro le da permiso).
- Extra: Conciertos mensuales (con sus correspondientes ataques de pánico pre-escénicos, ¡porque Sofía es perfeccionista hasta la médula!).
Un día "relajadito", ¿verdad? Pues, para Sofía, esta rutina es como una sinfonía de Beethoven en modo allegro con brio... ¡Y a veces, el brio se convierte en furioso! 😡
El Detonante: Un Acorde Disonante (Y un Grito que Casi Rompe los Cristales)
El miércoles pasado, Sofía llegó a casa con cara de pocos amigos (y eso que suele tener cara de pocos amigos... ¡pero esta vez era nivel "enfado máximo"!). Llevaba todo el día a tope, la clase de saxo había sido un desastre (según ella, el saxo tenía vida propia y se negaba a colaborar), y, de repente... ¡BOOM! 💥 (Imaginen un volcán en erupción, pero con más decibelios).
"¡ODIO EL SAXO! ¡LO DEJO! ¡NO QUIERO VOLVER A TOCAR EN MI VIDA!", gritó, tirando la partitura al suelo (y casi dándole un infarto a la vecina del quinto).
Mi primer impulso, lo confieso, fue salir corriendo y esconderme en el baño. Pero, gracias a mi "entrenamiento TDAH" (y a que tengo un seguro de vida a prueba de gritos), respiré hondo y recordé:
- Sobrecarga sensorial: Tantas horas de estudio, tantos estímulos, tantos sonidos... El cerebro de Sofía estaba más saturado que mi bandeja de entrada del correo.
- Rigidez cognitiva: La dificultad para decir "no pasa nada, mañana será otro día"... (¡Porque para Sofía, si algo no sale perfecto, es el fin del mundo!).
- Dificultad para regular las emociones: La frustración acumulada explotó en forma de ira (y de paso, nos dejó a todos sordos).
La Música como Aliada (Y el Silencio como un Regalo del Cielo)
En lugar de sermonearla (que era lo que me pedía el cuerpo), me senté a su lado y le dije: "Entiendo que estés hasta el moño, cariño. ¿Qué te parece si dejamos el saxo por hoy y hacemos algo que te relaje? (Y de paso, le damos un respiro a mis oídos)".
Y aquí viene la parte interesante (y la que me salvó de la locura). En lugar de alejarnos de la música, ¡la utilizamos como terapia! (Y descubrimos que el silencio también puede ser música para nuestros oídos).
- Operación "Desconexión Musical": Pusimos su canción favorita (esa que la hace bailar como si no hubiera un mañana, ¡y que a mí me hace mover el esqueleto aunque no quiera!).
- Improvisación al Poder: Le propuse tocar el piano juntas, pero no para seguir una partitura, sino para hacer el ganso (¡literalmente! Imitamos sonidos de animales, inventamos melodías absurdas...).
- Charla Terapéutica (con Risas Incluidas): Le pregunté qué le había hecho explotar en la clase de saxo (y me contó que el profesor le había dicho que sonaba como un gato atropellado... ¡sin comentarios!). Y la escuché, sin juzgar, sin interrumpir (y sin reírme demasiado).
Poco a poco, la tensión fue desapareciendo (y mis tímpanos empezaron a recuperarse). Sofía se relajó, sonrió (¡milagro!), e incluso volvió a coger el saxo para tocar una melodía que le gustaba (y que no sonaba a gato atropellado).
La Lección (para Sofía, para Mí, y para el Gato del Vecino)
Ese día, aprendí (o recordé) varias cosas:
- La música puede ser una bendición, pero también una tortura: Hay que encontrar el equilibrio (y quizás, invertir en tapones para los oídos).
- La sobrecarga sensorial es real (y puede convertir a tu hija en un monstruito): Hay que estar atentos a las señales y ofrecer espacios de descanso (¡y de silencio!).
- Validar las emociones es clave (aunque a veces te den ganas de salir corriendo): "Entiendo que te sientas como un gato atropellado" es más efectivo que "No te pongas así".
- La creatividad puede ser más terapéutica que un spa: Improvisar, jugar, hacer el tonto... ¡La música no tiene por qué ser siempre una obligación! (Y a veces, el silencio es la mejor melodía).
- La comunicación es fundamental (y si va acompañada de risas, mejor): Hablar, escuchar, comprender... (Y reírse de las desgracias, ¡que la vida ya es bastante seria!).
¿Y a Vosotras, Mamás?
- ¿Cómo gestionáis los "momentos monstruito" de vuestros hijos/as?
- ¿Utilizáis la música (o el silencio) como herramienta de regulación emocional?
- ¿Qué estrategias os funcionan para sobrevivir a la adolescencia TDAH (y no perder la cordura en el intento)?
¡Compartid vuestras experiencias y consejos! Juntas, podemos aprender a convertir los "acordes disonantes" en una sinfonía de risas (y de vez en cuando, de silencio). ❤️